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viernes, 7 de marzo de 2014

Espectros

Era una noche en la que predecía insomnio. Una de las tantas que últimamente padecía. Sentado en  la cocina dejaba escapar lentamente el tiempo. Un sentimiento parecido a encontrarse en otro lugar, lejos, muy por fuera de sus círculos habituales empezó a notarsele en el cuerpo. La penumbra de la noche solo quedaba apenas alumbrada por la luz de la luna que entraba por el ventanal abierto tras sus espaldas. Tenía un vaso de agua, que sujetaba con ambas manos, y el pijama. El gato dormía, su mujer dormía, todos en su respectivo tiempo y en el espacio que le correspondía a ese devenir temporal; él estaba por fuera de esa correspondencia. Y lo notaba.

No pensaba en algo fijo. Su cerebro hacía desfilar en la memoria hechos cercanos. El recuerdo de las cosas que el lunes debería hacer al llegar al trabajo, algún cumpleaños próximo, el pago de las cuentas pendientes.

Pensó en escuchar algún programa de radio de trasnoche. Era un escape al insomnio que había descubierto en la adolescencia. Sin embargo desistió al pensar en que Clara podría despertarse y luego tendría que soportar el mal humor y las recriminaciones. En ese punto de su matrimonio, los intervalos de comunicación mas largos eran consecuencias de peleas y discusiones.

Para colmo, el gato también dormía. Tomó el vaso de agua, al que le quedaba menos de la mitad, y fue a despertar al gato que dormía arriba de la notebook, sobre el escritorio del living. Lo tocó y llamó por su nombre, Shiro. El gato lo miró y siguió durmiendo.

- Que bien. Ya me vas a pedir que te rasque abajo de la panza.-

Salió. Abrigándose bastante se puso a resguardo de una noche que presentía fresca. Apenas dejó la casa pudo comprobar lo correcto de su juicio, podía ver su propia respiración condensarse en al aire frío.

Caminando fue redescubriendo partes del barrio. El claroscuro nocturno, matizado por esa suave mezcla de penumbra y bañado lunar daba un carácter diferente a las sombras. Estas parecían más espesas y movidas por voluntad propia. Casi podía sentir la textura de las sombras en el roce con el aire nocturno.

- Todos somos criaturas de la noche. De día nos perdemos.-

Caminó sin rumbo, en dirección al puerto, que se encontraba a unas 10 cuadras de su casa. Por la Avenida del Mar no había un alma. Espectros solamente deambulaban, algún que otro gato cuyos ojos reflejaban la luz, y ruidos de la ciudad que sonaban a lo lejos, en otro mundo. Manos en los bolsillos se introdujo dentro de sus propios pensamientos. Pensó en como hubiera sido su vida si hubiera tomado las decisiones opuestas, y se divirtió algún tiempo pensando en eso.

Llegado al puerto se sentó sobre la pared, de unos 60 centímetros, que dividía la vereda del comienzo del malecón. La brisa del mar, fresca y salada le dio en el cuerpo. Se subió el cuello del abrigo negro que llevaba y se frotó las manos en busca de reavivar la circulación. Un carguero de bandera senegalesa, Liberty, estaba dispuesto a partir y varios remolcadores se alistaban para maniobrar el buque a través de la estrecha salida del puerto. Contempló todo el proceso. Cuando finalmente el Liberty era una luz distante, perdiéndose en el mar negro engullido en la oscuridad, se sintió vacío. Experimentó la sensación de que algo suyo partía con el barco.

El tiempo esa noche parecía pasar a menor velocidad y aun las primeras luces del amanecer permanecían ocultas. Sin sentir sueño, caminó bordeando el agua, los barcos amarrados y la oscuridad. Recordó cuando siendo pequeño caminaba con su papá por el puerto, entre la gente, las grúas y el murmullo de una ciudad en desarrollo. Rememoró las historias sobre países distantes que lo maravillaron y gestaron esa curiosidad por el mundo que llevaba. Sintió cercanas las memorias de los colores de las frutas que en esos países colgaban de los arboles de nombres exóticos que le contaba Fidel, su padre. Pudo sentir el aroma y el tacto de la distancia, de otros mundos posibles que convivían con su presente como parte del pasado y extracto del futuro. Varias gotas salieron de sus lacrimales y rodaron por su cara hasta notarlas, saladas, en la comisura de los labios. Eran lágrimas que representaban alegría. Tenia solamente buenos recuerdos. Ni ausencias, ni vacíos, ni malos momentos; solo recuerdos que cargaban de sentido su vida. Sus recuerdos eran su presente.

Pensó en Clara y en que a pesar de que la amaba, nunca podría olvidar a Cristina, su poesía, sus caderas envueltas en sabanas blancas, sus pinturas, la comisura curvada hacía arriba cuando sonreía,  los lunares de su espalda y ese maravilloso territorio entre el cuello y los hombros que tomaba forma de V y que tanto le gustaba besar. Pensó en esa frase que leyó, todos tenemos breves momentos de felicidad. Él sabía que los suyos ya estaban en territorio del pasado, que en su caso lo mejor no estaba por venir, sino que había sido. No se sintió desanimado. Por el contrario, su corazón latía con más fuerza. Había conseguido exorcizar algunos demonios esa noche, idos en un barco llamado Liberty.

Volvió caminando despacio, con la tranquilidad a cuestas y sintiéndose más liviano. Ahora sí la mañana asomaba en el horizonte con los primeros tonos anaranjados del día que se sobreponían al negruzco color de las nubes cargadas de lluvia, desecho de la noche. Cuando llegó a su casa Clara aun dormía. Optó por una ducha y un café, que tomo sentado solo en el comedor. Afuera, las bocinas de los autos anunciaban que la ciudad se despertaba. A pesar de no haber dormido no sentía cansancio en el cuerpo. La mente la tenia despeja, dispuesta a llevar sin mayores dificultades el trajín del día.

Se puso el traje y subió al auto, donde encendió la radio y escuchó los primeros segundos de Save the population de los Red Hot Chilli Peppers. Aspiró aire profusamente, mientras su gato lo miraba a través del vidrio desde el techo de la casa. Le pareció que al aspirar aire, el perfuma de Cristina había llenado sus pulmones. El tacto de su cuerpo le vine a la memoria, pero optó por desechar esos recuerdos, como hacía siempre que afloraban. Ya era demasiado viejo para realizar cambios profundos que no sabía adonde conducían. Ya no era un adolescente que podía realizar actos impulsivos sin que las repercusiones afectasen a nadie. Y sin embargo, la voluntad opinaba diferente.

El cielo fue abriéndose durante el día. Las nubes negras se disiparon completamente y la amenaza de lluvia que el servicio meteorológico había anunciado quedó descartada. Todo era normal. Las personas en la ciudad, en el mundo seguían sus rutinas diarias, las diurnas en el hemisferio sur; las nocturnas en el norte. La normalidad del repetir día tras día los mismos actos llena de sosiego a la mayoría, que luego duermen plácidamente. Sin embargo, al insomne algo lo trastoca. Está despierto cuando debería dormir. Su voluntad no lo obedece. Mas bien le planta batalla a las ganas de dormir, de descansar para afrontar el día siguiente. El que sufre de falta de sueño, individuo cuya voluntad va contra si mismo, tiene una ventaja. Los exorcismos de espectros que merodean por los recuerdos pueden realizarse de una manera concisa, facilitando la tarea, si es que realmente  se está  dispuesto a ello.

Al caer la tarde, nuevamente las nubes fueron cercando la luz. Por la noche, al regresar a su casa, solo un pequeño claro en el cielo dejaba ver la luna. El resto estaba cubierto de espesas nubes negras y el aire frío soplaba desde el mar.

- Son los espectros que quieren volver.

miércoles, 13 de marzo de 2013

El origen y el significado

Lucha de valientes y creativos 
por imponer una verdad,
un sueño
una impronta.

Entre pasado combativo
presente persistente 
futuro de feliz inexactitud
deambulan los significados
perdidos en el tiempo.

Un destino de soledad interpone un muro 
en la distancia. 
Perdidas
dos partes buscan encontrarse
buscan 
tocarse
buscan
amarse

El ritmo del tiempo es otro,
germánico
primitivo.
La emoción del origen 
desborda y anima.

El viento sopla y acomoda la luna
estática se mece
rodeada de estrellas y
nuestras manos se tocan
mientras los labios se besan.

Perdido en el ensueño (él en sueño)
el nombre combate con mas sueños
en los campos floridos
o en los campanarios desiertos.



domingo, 17 de febrero de 2013

Suez

Luz que flota
miradas inquisitivas
del otro lado del sol poniente.

Deseos latentes
se mueven por las calles
de Suez, su canal y su puerto.

Marea roja
negra de muerte
que el atardecer posa en las camaras.

Duermen los faraones
el eterno inmenso sueño
que pospone el despertar.

Levas de hombres
turistas ajenos.
Y la luna extraña.

Sueña Egipto
mientras duermen los gatos
sagrados sueños.

La piedra llega al fondo
la luz es vencida
en la contienda de todos los dias.

Y mientras ellos esperan
las sombras descansan
sueñan vuelan.

lunes, 4 de febrero de 2013

Presencia y ausencia

1

El pasado es prologo (Munich, 1952)

Cada sociedad en cada momento histórico está regida por un complejo mapa de leyes. Estas leyes pueden continuar, modificarse, o ser descartadas en largos procesos de transición. Sin embargo, son tan presentes y poderosas como para marcar el ritmo de nuestras vidas como las estaciones del año. Me atreveria incluso a decir que están tan presentes como el Tiempo.

Estas leyes adquieren reificación, se consolidan como parte de nuestras vidas como individuos conforme somos parte de una cultura ( Tiempo y Valores) determinada. Su fuerza radica en su flexibilidad para estar en constante transformación, en poder adaptarse y dar un marco a los cambios, producidos por ejemplo, dentro del campo de la moda o el gusto. Pero siempre “legislando” sobre la obligacion de llevar alguna ropa.

Pero, así como la vida es una contradicción dentro de otra, este ensayo posee también una exegesis. Quedara a juicio del lector si se trata de una contradicción dentro del modelo de superacion hegeliano, o es , por el contrario, carne muerta en el cementerio de las ideas de este siglo. Las leyes son aparte de flexibles, mutables, permanentes, y en algunos casos, acompañan un modelo societal desde que este se origina hasta su reemplazo.

Fue Georg Simmel quien en Teoría Sobre el Dinero dijo que el dinero, que es un producto del hombre, había escapado a su control, sometiendo al creador a las reglas de un juego que podemos llamar capitalismo. Simmel en este caso parece tener una influencia marxista. Su formulación puede ser interpretada como un proceso parte de lo que Marx llama alienación del hombre.

En la génesis del capitalismo hubo hechos que conforman la base del derecho mas importante que rige en la sociedad moderna: el derecho a la propiedad. Propiedad privada, que se encuentra (por mas doloroso que sea) por sobre el derecho a la vida. Quiero decir con esto que dentro de las leyes que llamamos cultura, hay un espacio importante que es novedoso en tiempos historicos, pero que a pesar de su infancia tienen la mayor incidencia sobre nuestras condiciones de vida (Alexis de Tocqueville: Libertad o Igualdad).

Particularmente creo que las decisiones del ámbito político están subordinadas al económico. Si esto no es así desde hace 200 años, lo sería por lo menos desde mitad del siglo pasado. Entonces, en un mundo monetarizado, regulado, legalizado por los dictados de la ultima gran aparición en el campo de las Ciencias, es necesario rastrear la genealogía de esas ideas (o mitos fundantes) que aparecieron en el siglo XVIII, ver sus correlaciones con las que ahora, herederos de aquellas, siguen gobernando a los hombres que se contentan con haber creído alcanzar la libertad.

Estimado lector, espero que el libro de mi colega A. Kondratiev pueda ayudarlo a entender la esencia de esta epoca, tan al fuego de las armas marcada, no en defensa de un ideal, de la vida, si no por un puñado de dolares.

El pasado continua en el futuro; desde siempre.

Viktor Tupolev.

Luego de estas paginas que sirven de prologo al libro hay una dedicación, hecha con manuscrita:

Amor, espero que disfrutes de este libro. Te quiere, Lenina. Munich, 1952.

*

El libro en si, es una edición personal de ensayos del economista ruso Kondratiev, quien es recordado por haber identificado caídas y repuntes cíclicos en la economía mundial. Hoy en día ya no representa una clave para los economistas sean estos ortodoxos o heterodoxos. Lo leí en dos días, mientras veía el otoño hacerse invierno por la ventana de mi habitación.

Hay veces que el destino teje una maraña interesante, que solo puede ser entendida vista en retrospectiva. Tanto las palabras, como las acciones, se cargan de una luz distinta a medida que pasan los años. Y los libros y las fotos son los testigos mudos que nos recuerdan estos hechos. Mientras terminaba de leer, una nostalgia inexplicable me sugería algo, pero el aguanieve de principios de enero que oía desde mi estudio desviaba mi atención. Así que termine el libro con la sensación de que era uno de tantos otros.
Cuando iba a devolverlo sentí curiosidad. Así como la nostalgia que me invadió mientras lo leía, una curiosidad desmedida se apoderó de mi. ¿ Quien era Lenina? ¿ A quien le dedicaba su amor? ¿Qué fue da las vidas de las personas por cuyas manos pasó este libro? ¿Como llegó a la biblioteca de un agreste pueblo irlandés? A fuerza de mis años, aprendí que cuando el deseo irrefrenable despierta de la nada, solo se puede hacer una cosa, seguirlo. Quizás, lo único que nos depara el futuro, la única certeza antes de la muerte, es la conciencia de que todos los hechos están interconectados. En ese libro que tenia en mis manos había algo más. Y no estaría siendo justo para con el destino negar lo que sentía.

Ese nombre, Viktor Tupolev. Se que leí ase nombre en alguno de los libros de mi biblioteca. Pero no recuerdo en cual.


2

El futuro está escrito (Igushtia 1966)

El viento congela los dedos y la punta de la nariz. Solo unos pocos hombres se atreven a salir hoy. Según oímos en la radio, es uno de los días mas fríos del año y un frente de aire congelado avanza desde la frontera de Georgia. Nuestro guía, Piotr, nos pregunta si en verdad estamos dispuestos a realizar el viaje. Le decimos que si, y, con aire de resignación, Piotr bebe vodka y gesticula negativamente.

Volamos desde Moscú a Georgia y estamos ya en Igushtia, una pequeña región desconocida en medio del caucaso. Es una Chechenia a menor escala, que no aparece en los diarios, no genera ventas, no merece la atención y por eso la vida de las personas vale menos que otras partes del mundo. Aquí el conflicto también adquiere tintes religiosos, siendo los musulmanes perseguidos al igual que en muchas ex repúblicas soviéticas. Sin embargo, los buscadores de noticias nunca tropiezan con el nombre Igushtia. Ni siquiera nuestra presencia aquí tiene que ver con la guerra.
A pesar de que la situación es mas estable ahora que hace 15 años, cuando estalló el conflicto en medio de una atroz crisis económica - 20 % de la población murió por falta de alimento y gas - una calma tensa y pegajosa, húmeda como el calor del trópico, flota en el aire.

Recorrer las calles nos genera un sentimiento de vacuidad, de ser seres inhumanos. Desolación , falta de esperanza, la absurda muerte de banquete, enfermedades y niños muertos o muriendo tirados en las calles. Pequeños cuerpos convertidos en estatuas de hielo que nos recuerdan lo miserable de nuestra condición. Y silencio. Mucho silencio y un viento que nos cala los huesos. El silencio que nos permite decir que la salvación de algunos depende de la moda de otros.

Los pueblos alemanes tienen una expresión para referirse al espíritu de una época. Llaman zeitgeist al conjunto de representaciones de dan contexto a la vida de las personas, las situaciones. Se podría decir que es un inmenso tablero donde las circunstancias de la Historia, sociales e individuales son puestas sobre la mesa en el juego de la vida y la continuidad de cada tiempo histórico.

En clave marxista el zeitgesit es la superestructura que ordena y limita, constriñe y habilita, la vida de lo social. Pero, no solo los pueblos alemanes son fuentes de las que voy a nutrirme. En la idea de espíritu , ronda como un fantasma la concepción acerca de la vida, la muerte y la continuidad que los pueblos asiáticos, budistas por sobre todo, tienen sobre la reencarnación y la continuidad perpetua de una existencia original.

Las dos ideas se conjugan en otra. No es un zeitgeist que muerto da paso a otro, es la continuación de uno, reciclado, que conserva los rasgos del anterior. Y puesto que esto es así, también la vidas de las personas es un continuum que se inmortaliza en puentes invisibles a través de las ideas de una época a la otra. Y también esto nos posiciona en lugares ya recorridos por otros en otras partes y otros tiempos. Quizás pueda ser difícil entenderlo, pero nuestras vidas no son originales en ningún punto. De hecho, para que podamos comprender lo que suceder alrededor nuestro, debió pasar (in)anteriormente...



3

El editor. (Berlin oriental, 1978)

Una mañana calurosa y con una humedad tal que se podían ver las gotas de agua serpentear en al aire, estaba desayunando frente a Alexanderplatz. Ahora la plaza volvía recuperar la calma perdida, Berlín oriental toda lo hacia. Policías con uniforme de la República Democrática Alemana dejaban ver los AK 47 que portaban, cuyo metal emitía brillos fulgurantes. Fuera de ese detalle, la vida iba retornando a su ritmo habitual. Siempre me gustó Berlín, mucho mas ahora que la contemplaba ociosa como despertándose de un sueño reparador la noche previa. Es una de las pocas ciudades que me despierta sentimientos. A pesar de lo tenso del ambiente, el ir y venir de los guardias y la lucha contra las necesidades diarias y la racionalización soviética, la gente se ve tranquila. Va y viene en otro tempo que del lado occidental. Es verdad que aquí las carencias son otras y , quizás al no tener la cultura occidental mediando, son mucho mas notoriamente desesperantes. Pero quienes llevan adelante la vida a conciencia de que las necesidades elementales son pocas, parecen vivir a gusto de este lado del muro. Estaba en Berlín mientras realizaba una investigación sobre la influencia de los aportes científicos de Goethe. El romanticismo decimonomico había realzado su ser como escritor, pero en sus obras, particularmente en el Fausto, había pasajes oscuros, simbología que no era la misma que compartían los románticos escritores de su época. También hizo aportes en el área de la teoría de los colores , cuyo presente se volvió la base para la televisión y otros aportes filosóficos. La forma de pensar de nuestra época le debe mucho. Fue un pensador clave, de una filosofía romántica mucho mas aplicada a la vida que la de Hegel o Kant. La filosofía de la belleza, el amor, y el sentir de nuestro tiempo se debe a él. Hoy impregnada aun de ciertos dotes moralistas o idealistas en extremo consecuencia de la mala lectura e interpretación. Fue, en definitiva, esencial para es zeitgeist que nos traspasa los poros y se aparece en nuestros productos culturales.

Mientra veo como se desarrollan las actividades diarias, las transacciones principalmente, entiendo que todo puede dividirse en consumidores y productores. Somos parte de una sociedad binaria, y quizás esto afecte todas nuestras decisiones. No es una reflexión del todo optimista, pero es lo mejor que se me ocurre esta mañana. Debía encontrarme Lenina Yeats para nuestro habitual café cada vez que visitaba Berlín, sin embargo llevaba una hora de atraso y algo punzante e inquisitivo me decía que no iba a venir.

Luego de pagar el café e intercambiar una sonrisa con la mesera, sentí sobre mí los dedos del destino. Extrañamente siento cada vez mas que no puedo hacer otra cosa mas que continuar sin saber para qué o hacia donde. Lenina sabría qué decir, pero no llegó.

Camino y mis zapatos resuenan sobre la piedra de las veredas, un empedrado que tiene mas de 200 años y permanece ahí, siendo de soporte para mis pasos perdidos. Una ventana se abrió rápidamente en mi pecho y me dejó ver algo del interior. Lenina no había ido, supe al extrañarla que estaba enamorado de ella. Saqué el paquete de cigarrillos, no puedo evitar reírme pensando que soy la representación del fracaso, un hombre gris que fuma mientras el eco de su soledad agiganta el ruido de sus pasos. Una imagen que, siendo editor, vi en los textos de mis clientes miles de veces. Soy ahora un personaje de una mala y poco original novela.

Entre gárgolas de piedras, calles estrechas y alemanas que me miran, intento perderme, pasar desapercibido mi ser adentrándome en un libro que me prestaron. Mientras un profundo dolor de cabeza, el dolor de la razón, no me deja leer con la concentración debida, permanezco sentado. Miro el cielo, veo como corren las nubes y me olvido del dolor de cabeza. Bajo mi vista hacia el libro entre mis manos y sigo leyendo:

Cada sociedad en cada momento histórico está regido por un complejo mapa de leyes. Estas leyes pueden continuar, modificarse, o ser descartadas en largos procesos de transición. Sin embargo, son tan presentes y poderosas como para marcar el ritmo de nuestras vidas como las estaciones del año. Me atrevería incluso a decir que están tan presentes como el Tiempo.

sábado, 29 de diciembre de 2012

Las tinieblas del corazón


El lugar es la espesa negrura de la selva, donde en muchos puntos no llegan los rayos del sol. Es el continente africano, cuna de la humanidad desde los orígenes de la especie hasta el impulso al capitalismo por medio del trafico de esclavos. La situación es la que sigue.

En la espesa negrura de la selva, Bertrand está sentado frente a una maquina de escribir. Un ventilador de mesa apenas hace correr una corriente de aire a través de su movimiento en zig zag. Bertrand piensa que si no fuera por el ruido desproporcionado del aparato no notaría la existencia de un ventilador que apenas mueve el aire. Fuera de la cabaña, la noche cae sobre el Niger y la  luna baña las aguas marrones y los altos pastos y juncos que crecen en la ribera. Diciembre daba paso lentamente a un nuevo año, se palpaba en el pegajoso aire ecuatorial que el porvenir venia cargado de incertidumbre, de duda. Para aquellos que eran positivos, era el presagio que trae todo lo nuevo por ser nuevo; para Bertrand, era la continuidad de todo lo malo. Y la certeza definitiva de que nada bueno sucede en el mundo de los hombres.

Bertrand mecanografía en una vieja Olivetti hecha en 1914 en algún pueblo italiano. El ruido del poderoso teclear interfiere con los miles de grillos y ranas que viven en su mundo fuera de la cabaña. Bertrand sigue mecanografiando, empleando toda su concentración en ese acto. Son las dos de la madrugada pero el calor no cede, es por eso que las ventanas están abiertas y la luna azul da un tono mortecino a todo el ambiente donde Bertrand mecanografía concentrado. Los mosquitos danzan dando vueltas en el aire, como bombarderos en busca de un objetivo, como hojas arrastradas por el sinsentido del viento.

El teniente Beluga, entra a la habitación avisando que no había ninguna novedad en los puestos de vigilancia. Esto descontenta algo a Bertrand. Que hagan el cambio de turno, grita en tono neutro Bertrand. Beluga da media vuelta haciendo el saludo militar, girando sobre sus talones de bota militar, dice algo en un francés tan cerrado (y tan militar) que es imposible entender que fue dicho para Bertrand. (Dijo malheureux). Sin hacer caso al inentendible comentario del teniente Beluga, Bertrand continuó escribiendo. Por fuera de la choza el único ruido audible del interior era el golpeteo susurrante de la Olivetti.

Bertrand no era francés, ni militar. Había nacido en Bruselas y por designio familiar finalizó los estudios e ingresó como administrativo al mundo colonial que el imperio belga habría de perder con el paso de los años. Fue designado como agregado contable en Liberia, país del que tuvo que ir auxiliado por el ejercito francés durante el periodo de revueltas que atravesó ese país. En su periplo a través de la frontera fue contratado por los franceses y le fue dado un puesto secundario en un destacamento en el nuevo Estado de Alto Volta, anexado como parte de los territorios de Francia. Al cabo de dos años, por decisión del gobierno central que tenia por objetivo la progresiva desmilitarización del país, los destacamentos en todo Alto Volta pasaron a control de civiles. Esta es la genealogía del desprecio que el teniente Beluga y todos los militares sentían por Bertrand.

Mientras en diciembre de 1959 Francia iba perdiendo sus colonias, al igual que muchos países que habían mantenido posesiones en el continente, Bertrand seguía escribiendo. La luz de la lampara dejaba ver parte del amarillento papel, donde podía leerse:


Hay veces, momentos en el día que tengo la necesidad de leerte. Quizás todo se desprende de la necesidad de abrazarte y de besarte que no pude satisfacer nunca; que no podré nunca ya.
Últimamente me resisto a ir al encuentro de tus letras. Pienso llevar esa necesidad a la distancia, la misma, que existe entre tus labios y los míos.

A la derecha de la vieja Olivetti había un libro de tapa dura y la foto de una joven pelirroja. El libro, ese libro, era el objeto mas valioso que Bertrand tenía. En el destacamento todos se preguntaban qué podía hacer que nunca se separara de el, que lo llevara siempre consigo. Bertrand sabía que ese libro era la materialización de un sentimiento, del amor de su vida.

Mientras Bertrand mecanografiaba pensaba en C, la bella autora de ese libro de poesías y maravillas que tenia a la derecha de la vieja Olivetti.


Son muchas, ya demasiadas, las veces que puse a prueba mis sentimientos. Demasiadas como para que pueda hacerlas a un lado, ignorarlas. Mi vida siempre fue una continuación de actos míos en solitario esperándote. Con este ciclo que se termina, con esta noche, cambia una era. El verano trae consigo el presagio de la disolución de este país. No se que ocurrirá. También trae la disolución de mi persona. Tampoco se que ocurrirá. Me iré, eso es lo único que puedo asegurarte. Tus letras, que guardo conmigo desde que me regalaste tu libro, esperan el goce eterno de unos segundos que se hagan infinitos. Pero son eso, letras. Ellas pueden esperar; yo no. Tampoco la Historia, que como la corriente del Niger que escucho, tiene un solo sentido. Y nos separa.

La vieja Olivetti, hecha en 1914, en Italia, hace una pausa. Bertrand se corre las transpiración de la frente con el antebrazo. Endereza su postura y sigue escribiendo. Afuera las nubes empiezan a cubrir el cielo, la luna desaparece por intermitencias. El verano trae la temporada de lluvias; ahora las nubes cargadas reclaman el reinado de los cielos.

Espero que algún día pienses en mi, creas en mi, sientas en mi como lo hice yo todos estos años en la distancia sabiendo que estabas en Europa, en algún lugar y yo aquí, haciendo nada mas que esperarte. En África  el viento que arrastra tu nombre, C, es un consuelo eterno, quizás, de no tener tu pelo en mi almohada, de no tener tu cuerpo en mi cama.

La oscuridad declaraba su gobierno. Los insectos hacían silencio y la corriente del majestuoso Niger se cuidaba de sonar mas fuerte de lo que debería. La vigilancia de la noche profunda caía sobre la tierra. Los guardias que hacían su ronda pasaban el informe al teniente Beluga, que solo respondía con insultos para Bertrand. Malheureux, repetía con los ojos inyectados de odio y resentimiento.  Mientras Bertrand, con la espalda firme y los dedos sobre la vieja Olivetti iba terminando su carta. Escribía:

Tengo en mis manos un libro que se deshace. No se deshace por viejo, frágil o mal armado. Deshace porque me hace llorar.
Llamó finalizada la carta al asistente, que de mala gana y peor gesto se presentó ante el. Le dijo que enviara la carta a una dirección en Gante. Iba dirigida a C, de la que se estaba despidiendo  presentando armas ante la imposibilidad de sus deseos.  Una vez que se retiró el asistente, Bertrand rompió el libro de C. 

El nuevo año, el nuevo verano venia cargado de nuevas vivencias que debían cerrar las antiguas. Nuevos Estados y nuevas esperanzas que afloraban, serían sin embargo nada mas que eso, esperanzas. Bertrand sabía que todo llegaba a su fin. Sabiendo eso, dejó el destacamento y caminando tranquilo se adentró en la  espesa negrura de la selva, en el corazón de las tinieblas. 



domingo, 18 de noviembre de 2012

Papeles ciegos


A ella le gustaban los libros. Tengo que decir que mucho mas que a mí, que me gustan mucho por cierto. Pero ella estaba enamorada de ellos, no los prestaba a nadie, incluso a mi. Hacia anotaciones secretas en los margenes de las paginas. Anotaciones donde compartía con los libros cosas que pensaba o sentía. Era un momento donde además del hecho de compartir, oculto detrás de ese significado, había otro mensaje, uno que se inspiraba en el amor consumado. Lo mismo sentía yo cuando nos acostábamos en el pasto y nos acariciábamos mientras compartíamos pequeños mundos particulares. Y así un simple ombú, por poner un ejemplo, interactuaba con nosotros. Y sus raíces se teñían de felicidad, y quizás de envidia, al vernos tan enamorados.

Si empecé hablando de ella en pasado, es porque esta historia transcurrió en un mundo que ya no es el presente. Como todo amor significativo tuvo un final. De hecho, creo que lo que hace insuperable un amor es su terminación violenta, inesperada pero sincrónica a la vez. Mientras produce la ruptura se crea como la referencia de lo que fue alguna vez. He ahí el carácter del amor, ir mas allá de lo real.

Lucía y el ombú fueron argumentos de un cuento que escribí hace unos años. Era la época en la que aun estábamos enamorados, la idea del cuento vino a mi mientras mirábamos el atardecer sobre las aguas del río Uruguay. Esa tarde supe que ella era lo que yo quería en el mundo. Lo demás no me importaba, nada me hacía mas feliz. La vida no existía sin nosotros juntos. Y mientras pensaba eso, recuerdo que un fuerte dolor, como si hubieran apretado mi corazón desde dentro, punzó mi pecho. A partir de ahí el miedo de perderla adquirió vida, sentido de realidad, realidad de sentido. Y ese, ahora lo veo con claridad, fue un punto de no retorno.

Yo la amaba, de eso no tengo duda. Aunque a partir de mi miedo la relación fue tomando rumbos que hubiera sido mejor evitar. El carácter secreto de nuestra relación fue un condicionante. Es verdad que hubiera gritado a los cielos que la amaba, y me hubiera encargado que toda la ciudad lo supiera, pero ella tenia su familia; yo, podría decirse, también tenía gente que corría el riesgo de salir lastimada. Así que no hice nada. Oculté mis deseos de fugarme con ella a una isla en Entre Ríos, quizás en un lugar tan profundo que para cuando quise rescatarlos habían sido engullidos tras las puertas de mi conciencia.

El miedo que sentía a perderla fue avanzando de tal forma que opacaba lo que la amaba, lo que la amé. Y así fuimos viéndonos cada vez mas esporadicamente. Yo sabía, sí, que ella era feliz  cosa que ella me afirmaba cada vez que nos veíamos. Sin embargo, verla tan feliz, siendo yo un manojo de nervios, ansiedades y miedos, era un sendero hacia el odio. Sinsentido mayúsculo que nunca llegue a entender por qué. Sin embargo lo sentía. Con el transcurrir de nuestro amor, fui odiándola. Tan grande fue ese sentimiento que muchas veces pensé en terminar con nuestros encuentros, para ese punto reducidos ya a unas veces al mes. Mi actitud hacía solo empeorar y empecé a tejer, actitud que me reprocho viéndola en perspectiva, una amplia maraña de manejos por parte de ella. Así  que ella no me atendiera el celular o no respondiera mis mensajes eran la carnalización de mis miedos de perderla. Y así, un péndulo de enfermedad se agregó al catalogo de mis virtudes.

Llegado un momento, era evidente que tenia que decidirme. O continuaba con la historia y descendía por un espiral de locura a los confines mas turbios de la razón, o apartaba lo que el amor significaba en mi vida.

Ya hace un año que no la veo. Debo decir que no fue fácil mudarme y cortar con todo lo que me recordaba a ella. No frecuento lugares con agua, con rio, mar o laguna. Tampoco contemplo mas la luna ni los amaneceres. Ahora fumo, y muchas veces bebo mas de lo que debería para cancelar el futuro paralelo que, algunas veces, viene a mi en sueños. Tengo que aclarar que no le reprocho nada. Simplemente yo no pude manejar mi miedo a estar separado de ella, lo que degeneró en esta locura. 

Pero, para cancelar ese miedo, debí confrontar otro, cuyas repercusiones no alcanzo ahora a vislumbrar. Siempre tuve miedo de vivir sin estar enamorado, lo que para mi significa dotar de sentido la existencia, y al renunciar a ella siento olas de algo negro que me recorre por dentro y que en cada embestida ganan algo mas de espacio. Ayer intente recordarla, pero no pude. Ya la olvidé. Ya no amo, y no creo que vuelva a hacerlo. La seguridad muchas veces aniquila la emoción.

sábado, 20 de octubre de 2012

La revolución en un sueño eterno


Con el comienzo de la temporada de lluvias el aire se carga de frescura y humedad. Es un ciclo natural que ocurre año tras año, inmutable, como las mareas. En esta tranquila constancia el mundo marca el pasar de los segundos de su vida. A pesar de que me muevo por la ruta siento que no voy a ningún lado, que el movimiento de mi traslación representa mucho menos que un punto en un camino que nunca voy a poder vislumbrar. Viajar en la noche lo pone a uno a pensar cosas, quizás cosas que no quiere pero que aparecen reflejadas en las luces de los coches que vienen de frente. El frío del exterior penetra en el auto, mientras, mi mujer duerme. No intento mirarla cuando está inmersa en sus sueños, hace tiempo comprendí que cuando dormimos los dos soñamos cosas distintas.

La mujer que ahora duerme a mi lado sigue durmiendo, pensando cosas que no yo no puedo comprender. Siento el ruido de sus engranajes dentro del auto, es un ruido seco y gastado, de un mecanismo que se encendió hace tiempo pero ha dejado de servir. Continuará haciéndolo hasta que el desgaste o la falta de combustible que posibilita el movimiento lo detengan. No controlamos nada, solo la forma en la 
que herimos o nos hieren. Tengo ganas de despertarla y decirle lo que pienso, pero encuentro varios obstáculos -no sabría ciertamente qué es lo que pienso- y desisto. Me concentro en el manejo y miro las estrellas que se abren camino entre un claro de nubes. La lluvia no para, pero ha menguado la intensidad. Vuelvo a tener ganas de hablarle, pero está dormida. Faltando la posibilidad de interacción, enciendo la radio del auto. Un locutor cuenta los detalles del azote de un tifón en algún país que no conozco, donde murieron mas de tres mil personas. Cambio de emisora hasta que encuentro música. Jazz. Reconozco que es una canción de Wynton Marsalis, probablemente de All Rise. All Rise, pienso. La mujer sigue durmiendo mientras entro en trance con la música y se abren nuevas sensaciones dentro mio. Pienso que nuestros momentos como pareja siempre fueron momentos en los que estuvimos separados.

Amanece al otro día. Decidimos tomar unas vacaciones y viajamos quince horas en auto para llegar al mar. La familia de ella tiene una casa en un pueblo casi desconocido, que preserva su pureza aislando sus olas azules, sus casas blancas y sus pinos verdes del resto del mundo. El paraíso debe ser conocido por pocos para ser paraíso. Vuelvo a pensar en que todo se subleva en algún momento. -All Rice-.

Me siento en la playa mientras el mar acompasa mis pensamientos, los pone en sincronía con el mundo exterior. Respiro tranquilidad y sal que flota a mi alrededor, casi puedo sentir las moléculas chocar contra la piel de mi cara. Mi mujer está en la casa, ella odia los días grises y ventosos. Sobre la arena escucho el ruido del mar y del viento que se entremezclan formando un solo arrullo suave, delicado , devastador , sombrío. Y mi mujer está en la casa. Casi que puedo escuchar su ruido, ese cric crac de los mecanismos, engranajes, poleas, liquido hidráulico y bombas que la componen. Cric crac. Entre ella y mi auto ya no hay mucha diferencia.

Me acuerdo de mis años de juventud. De lo lejano y distante que se proyectaba un futuro que prometía superación , revolución, anarquía; pero que nos dejó lo mismo que hubo existido antes nuestro. Cric crac y vacuidad, oigo. Me acuerdo del color de los ojos de la que no es mi mujer, mientras el mar se exalta con mis recuerdos e incrementa su poder de embestida contra la costa. Comprender no nos ayuda en nada cuando el comando lo tiene el sentir.

Cuando vuelvo a la casa, lo hago caminando despacio. En realidad lo que quiero hacer es fumar en la noche mientras contemplo el mar, mientras el viento me mueve como una hoja a la deriva. Al llegar descubro que mi mujer duerme. Se quedó dormida en el sillón de la sala con la televisión prendida y ahora un pastor brasilero que habla en portuñol me ofrece la salvación de mi alma. -Interesante oferta- digo en voz alta. Siento la arena en mi cuerpo, pero no me baño. No quiero desprenderme de esa sensación, así que voy a dormir directamente. Mi mujer sigue en el sillón.

El otro día, extrañamente, amanece soleado y sin viento. Me levanto después de pasar un tiempo con la mente en blanco en la cama. Mi mujer no está, seguramente ha ido a la playa para aprovechar el día. Puede permanecer todo el día tirada en la arena mientras el sol le reseca la piel. Ella es feliz con eso. Yo no salgo, me quedo el día en la casa escuchando algunos discos que llevé imaginando que iba a ocurrir esto. Alterno mi día leyendo y pintando una serie de cuadros de la luna. Hago esto impulsivamente, la retrato sobresaliente en un fondo de estrellas que brillan en un lienzo pintado de negro. Ella es blanca, con lunares, cráteres, e imperfecciones que la embellecen. Su imagen está grabada dentro mio, por eso necesito exteriorizarla pintando. Quizás esto es lo que hace que no oiga los propios ruidos mecanizados que también están activos en mi interior.

***

Años después, cuando me acuerdo de ese viaje, reflexiono sobre como los cambios estacionales nos cambian también No podemos permanecer indiferentes a lo que nos rodea. Ese tiempo pasado con mi mujer en la playa sirvió para acelerar el paso de la temporada de lluvias. El viento que me despojó de la pesada carga de la decisión de alejarme del cric crac, no era otro cosa mas que un soplo de esperanza. Viéndolo en retrospectiva ese viaje fue el mas decisivo de mi vida.

Cuando volvíamos en el auto, desperté a mi mujer y le dije que al llegar iba a irme de casa. Recuerdo que no pareció sorprenderle. Lo comprendió con tristeza, pero sabiendo que era lo mejor para los dos. Lo llamativo del caso, algo que aun hoy me pregunto es qué hubiera sido de esa decisión si no hubiera ido a sentarme frente al mar de noche. No puedo figurarme aún la respuesta.

Cada año vuelvo al lugar donde cambié la forma de ver mi vida y espero a que el viento me indique nuevos lugares donde ir.

domingo, 20 de mayo de 2012

Bosque

Dejo el auto y sigo la marcha a pie. Al llegar al bosque una serie de arboles se levanta delante mio. Son la puerta de entrada, columnas verdes que llegan hasta el cielo impidiendo que caiga sobre mí. De troncos gruesos los primeros arboles abundan en hojas, ramas y pájaros que emiten diferentes cantos y me miran desde lo alto. Advierten la cercanía de un ente que no pertenece a ese lugar. 


Son las 19.15 y el sol empieza a verter los últimos rayos. Sobre el horizonte veo por ultima vez la explosión naranja del atardecer. Me adentro con mi mochila llevando lo imprescindible para un estancia que no sé cuanto tiempo durará. Comida enlatada para varios días, varios litros de agua, una brújula, un pequeño cortaplumas, una linterna y un libro es lo que cargo. No considero útil llevar nada mas.


Una vez inmerso en el espacio que ocupan arboles crecidos sin ninguna organización racional, sin orden ni necesidad de estar dispuestos de esa manera, siento el aire cargado de humedad. Es un aire distinto, pesado para respirar. Lo siento rasgándome la nariz, la traquea, adentrándose en el espacio vacío en mis pulmones. Lo encuentro expandiendo por las arterias, hasta llegar a mis dedos, saltando fuera a través de los poros, volviendo a ingresar en una nueva inspiración. Deus sive natura.


Aunque caminar sin destino siempre me gustó, nunca hasta hoy me animé a adentrarme tanto en un lugar que no conozco. No tengo miedo, aunque intuyo que hacer una excursión a las profundidades de algo implica pasar a ser parte de eso que se invade. Es imposible no salir trasmutado de semejante expedición. Siento que a medida que camino hacia la penumbra del corazón del bosque voy reuniendo piezas complejas en mi interior. El corazón del bosque es en realidad mi corazón. Esta protegido de arboles que impiden que sea fácil llegar hasta el; llegar y llagar.


Paro a secarme la transpiración que cae sobre mi frente, por el cuello y baja por el medio de la espalda. Miro el reloj, 21.45. Caminé mas de dos horas sin darme cuenta que prácticamente no puedo ver mis pasos. La penumbra de la noche golpea con mas fuerza que en lugares abiertos y casi no puedo distinguir el cielo. Me siento en un pequeño claro y tomo agua. Miro la brújula, deduzco que estuve caminando casi en linea recta hacia el este. Si sigo caminando en esa dirección podré tener el sol de frente al amanecer. Saco la linterna y leo algunas paginas del libro que traje conmigo. Me quedo dormido y sueño.


Cuatro jinetes avanzan por un campo de amapolas. El dolor los tranquiliza, apacigua sus corazones. Vientos que refrescan sus interiores colapsan los sólidos. Flotan. Solo queda un mar interno donde el sol refleja su color. Los jinetes que van al mar apuran el paso; el mundo de los sueños los reclama. Camarones amarillos se desprenden desde el fondo del mar. Brillan en la siniestra oscuridad de las cosas mas profundas.


Al despertarme siento el calor del amanecer. Tengo la mitad del cuerpo bajo la luz del día, la otra sigue en la sombras. Estoy entumecido por haber dormido en una mala posición. Me queda el sinsabor de haber tenido un sueño que no puedo comprender. Abro los ojos despacio, veo mi mochila y Walden abierto boca abajo entre las hojas secas del otoño. Escucho con claridad. Por lo menos mucho mas que ayer. Oigo el correr del agua de un río que pasa cerca; el día anterior no me hubiera percatado de la existencia de agua. Camino esquivando la sombra de los arboles, intentando que la luz del sol me caliente un poco. Llego hasta el río y me mojo la cara con el agua helada. Al instante siento el latir de mi corazón en las sienes, el rostro caliente y el martilleo de la sangre pasando por el.


Hormigas rodean mi cuerpo tendido sobre las hojas. Permanezco la mañana acostado mirando la punta de los arboles y, en segundo plano, las nubes que se mueven llevadas por el viento, el sol estático que la rotación de la tierra hace mover. Recuerdo un fragmento de un poema de Pessoa, si cuando yo muera quieren escribir mi biografía, nada hay mas simple, solo tiene dos fechas: la de mi nacimiento y la de mi muerte. Entre una y otra todos los días son míos.


El momento de mayor actividad de los animales es cuando el sol está exactamente sobre la tierra, en nuestro medio día. Me levanto al darme la luz de lleno en los ojos. Abro una lata y como pescado. Luego voy al río, me desnudo y me meto en el agua hasta la cintura. Siento como va subiendo el nivel de agua dentro mio. Lo que era desierto va convirtiéndose en una sabana de pastos amarillentos y pequeños naranjos que el viento mece. Entre los pastos resistentes a la falta de agua, van abriéndose pequeñas flores de color rojo, amarillo y violeta. Tienen el centro amarillo y se alinean en dirección al sol. Solo tendrán un breve existencia; se ahogaran con la primer tormenta o marchitarán en cuanto la humedad vuelva ser inexistente. Lo mismo ocurrirá con los naranjos. Aprovecho y disfruto su aroma, solo el pastó perdurará.


Salgo del agua, me vuelvo a vestir y me siento en unas piedras que sobresalen al costado del río. Uso las raíces de un nogal como almohada. Continúo leyendo Walden:  Antes que amor, o que dinero, o fama, dame verdad. Me senté a una mesa en la que había ricos manjares, vino en abundancia, y obsequiosos ayudantes; pero la sinceridad y la verdad no estaban allí, y me escapé, hambriento, de aquella mesa inhospitalaria. La hospitalidad era tan fría como los helados; pensé que no había necesidad de hielo para prepararlos. Me hablaban de la edad del vino, y de la fama del viñedo; pero yo pensaba en un vino más añejo, más nuevo y más puro, de una vendimia más gloriosa, que ellos no había tenido, ni lo podían comprar. El estilo, la casa y sus terrenos, y los "entretenimientos", nada eran para mí. Fui a visitar al rey, pero me hizo esperar en su hall, y se condujo como un hombre incapacitado para la hospitalidad. Había un hombre en mis vecindades que vivía en un árbol hueco. Sus maneras eran, en verdad, reales. Yo había hecho mejor en visitarlo a él.

La luz que ciega nuestros ojos es oscuridad para nosotros. Sólo puede alborear el día para el cual estamos despiertos. Hay muchos días aún por nacer. El sol no es más que un lucero del alba  



Thoreau escribió en la soledad el bosque nativo de Conrad, Massachussets, donde vivió mas de dos años. Debió sentir mucho de las cosas que pasan por mi en este momento, aunque mi intención no es vivir tanto tiempo. Guardo el libro en la mochila y empiezo a caminar bordeando el río. Miro la brújula, sigo caminando hacia el este. Hay algo que destruye el ego en esto de estar en el medio de la naturaleza. Me veo en perspectiva real. Soy en armonía y al ritmo de lo que me rodea.


El río parece no tener final, el río eterno se desplaza a mi lado. Los animales, pájaros y ardillas, ya no huyen de mí. Llevo menos de un día en el bosque y ya soy parte de él. Comprendo que debo dejar la mochila y mis cosas, incluso la brújula. 


A medida que camino el río y yo llegamos a una bifurcación, no es posible para mi seguir costeandolo. Elijo seguir caminando hacia la izquierda, a través de un pasillo improvisado bajo las ramas de muchos arboles. Noto el cambio de la vegetación. Ya no hay hojarasca, aquí los arboles son de hoja perenne. También el aire es diferente. Puedo ver mi respiración y sentí olor a nieve , a pesar de no verla ni sentir el frío. 


Sigo caminando. Las hojas se revelan como espejos donde puedo verme caminando. Me observo nitidamente mientras me introduzco en una niebla espesa. Llega un momento donde ya no puedo verme. He entrado en la niebla del interior.


domingo, 6 de mayo de 2012

Rocío

Ayer la luna estuvo en su punto mas cercano en relación a la tierra. Supongo que de alguna manera eso afecta nuestro comportamiento. Después de todo, somos casi 75 % agua y es sabida la atracción que ejerce la luna sobre las mareas.


Fue para mi una noche confusa de sueños extraños, recurrentes, que me dejaban lo tangible del vacío en la piel. Decidí que bajo esas circunstancias dormir no era la mejor opción y salí a caminar por el parque, prendí un cigarrillo y me senté a ver las estrellas. Corría un poco de viento que desplazaba las nubes lentamente. No las podía ver mas que por el detalle de su movimiento al pasar por delante de la luna y las estrellas. Podría decir que la noche estaba gris, pero es en realidad una inexactitud. Mas bien un color celeste cubría el parque y mi figura.


Un sentimiento de soledad se apoderó de mi estando ahí sentado. El sonido de la nada es, de hecho, algo que se puede oír si se da la oportunidad. A pesar de la brisa no sentía frio. Aparte del color azulado y lo desmedido del tamaño de la luna, hasta ese momento no me podía quejar. Solo hubiera pedido tener un libro en mi mano, estaba seguro que la luz hubiera bastado para poder leer a simple vista. Terminé el cigarrillo y permanecí sentado en el pasto. Las gotas invisibles del rocío nocturno chocaban contra mi cara. Cerré un momento los ojos y sentí las minúsculas gotas colisionaban contra mis parpados, pensé en el momento mas intimo que había tenido con la naturaleza hasta el momento, pero ninguno superaba las cosquillas de esa noche. De haber sido religioso hubiera entrado fácilmente en contacto con alguna divinidad, pero como no lo era me limite a tratar de asimilar el placer del momento. Me quedé mirándome las manos, los brazos, cubiertos de finas partículas de agua que brillaban con el celeste de la luz. 


Recordé que Tolstoi dijo una vez que la felicidad es una alegoría y que la tristeza es una historia. Puede ser que sea así, nunca había pensado antes en lo efímero de algunos momentos. Esa azul soledad era las dos cosas. Felicidad por el cosquilleo de las gotas y tristeza por imaginar la escena desde afuera, un hombre sentado en el pasto mirando la luna. Quizás en algún lugar del mundo, aunque debería ser en el hemisferio sur, hubiera otra persona haciendo, pensando, sintiendo exactamente lo mismo. Pensé en las probabilidades matemáticas de que eso fuera así.


Cuando era mas chico, y para eso tengo que retrotraerme a la adolescencia, una mujer con la que dormía ocasionalmente y que era varios años mayor que yo me contó un mito griego que se atribuye a Aristófanes. Según el relato hubo un tiempo en que los hombres eran totalidades. Es decir que eran hombres-hombres o mujeres-mujeres o hombres-mujeres. Por algún motivo los Dioses reaccionaron separando las mitades que constituían al Ser, y a partir de ese momento la vida pasó a ser la búsqueda, o la perdida, de la otra mitad. Una búsqueda por demás desesperada-pensé. No hay nada mas aciago que la búsqueda de algo que no se sabe qué es, y además, que no se sabe que se busca.


No recuerdo cuando fue el momento pero intenté cerrar los ojos y no pude. No desesperé, entendí que hay veces que es imposible cerrarlos. Me quedé sentado dejando que el rocío me cubriera.


La mañana y los rayos de sol me encontraron acurrucado y temblando de frío. Había dormido en el parque: dormimos para que cada nuevo día sea un día nuevo.







jueves, 23 de febrero de 2012

El Tiempo


El tiempo es hoy uno de los bienes mas preciados. Toda nuestra vida gira en torno de su aprovechamiento, el rescate de su olvido y lo incierto que cubrimos con un paño de esperanza. No es solo un cliché modernista eso de que el tiempo es oro.


Lo que sabemos es que Prometeo robo el fuego para dárselo como regalo a los hombres. Después, fue encadenado a una roca donde un águila comería sus entrañas por la eternidad de los días. En cambio el regalo del tiempo es algo que no se conoce.


Las civilizaciones antiguas hablan de peleas entre los dioses y de humanos tomando parte en estas. Una leyenda cuenta que en uno de estos conflictos de una magnitud que nunca podremos imagina, un grupo de hombres que se habían perdido dentro del palacio de Crono encontraron un cofre con inscripciones extrañas que no podían comprender. Aprovechando la distracción de la batalla, tomaron lo que creían era un tesoro y huyeron. Pensaron que estaban haciendo algo por su aldea; no comprendían que cambiaban la historia y el tiempo a cada paso que daban. Cuando abrieron el cofre en una llanura cercana un viento helado se desplazo, haciendo que los naranjos se inclinaran en violentos movimientos. Luego la escena pareció congelarse por un momento. Algunos hombres sintieron miedo. Otros desazon por no haber riquezas dentro del cofre robado. Esa noche fueron a dormir con una sensación extraña, inexplicable y nueva para ellos.


Los dioses luego del combate bebieron vino y la ninfas los deleitaron llevándoles alimento y sus cuerpos. Tardarían en descubrir que el cofre con la percepción del tiempo faltaba. ¿Que podrían hacer los humanos, frágiles criaturas, débiles de cuerpo y con alma incompleta, si ni siquiera sabían interpretar las escrituras?


Crono explicó que en lo único en lo que se vería afectada la vida de los humanos por la niebla del tiempo sería en unos pocos cuantos asuntos. Decía Crono que alcanzarían la capacidad de explicar su presente a través del pasado, del que se aferrarían cuando interpretasen que su presente debía ser otra cosa. A la vez el porvenir seria el receptáculo de algo que los motivase en sus tristes y vacías vidas. Se crearían mas barreras aparte de las que ellos les impusieron, oscilarían siempre entre pasado y futuro. Y terminaba explicando que eso los  haría esclavos de ellos mismos, lo que siempre quisieron los dioses en su temor a ser superados. 


Algunos pensaron que la cuestión no ameritaba la poca preocupación que transmitían las palabras de Crono. Zeus, Hades y Poseídon, sus hijos, consideraban que estaban dando un regalo a los humanos, algo que podría perjudicarlos. Ahi empezó la conspiración contra Crono. Como resguardo enviaron a la tierra objetos circulares que indicaban el paso del tiempo. Profetizaron que sería un cepo mas donde los hombres anclaran sus vidas, sus ritos, todas sus decisiones. Crecerían y crearían su cultura con el epicentro en la idea del tiempo, que se agota, que continua: siempre pensando en un momento que no es el presente. Algunos de estos dioses crearon custodios, vigías de las ataduras invisibles, precaviendo de aquellos, algunos pocos, que verían lo absurdo de rendirse ante algo que es producto de ellos mismos, de su propia creencia.



jueves, 2 de febrero de 2012

The end...as we know it


Finisterre en La Coruña era el punto ultimo de la civilización europea hace algunos siglos, de ahí su nombre. Era el fin de la tierra occidental y la puerta a los horrores del mar de los sargazos, la antesala de todo pánico que supone no conocer los propios limites que separan de lo desconocido. Sin embargo, el fin del mundo puede estar en cualquier lado.

Esa tarde la lluvia amenazaba con desatarse con furia tropical. El horizonte se cargaba de nubes negras que se expandían llenándose de humedad. Usando un poco la imaginación podía distinguirse una sonrisa con dientes que asomaban, quizás la venganza de viejos dioses que reclamaban ser parte de los temores olvidados de la humanidad. Como fuere, la tormenta se avecinaba.

En las primeras horas de la noche el aire comenzó a cargarse de humedad y salitre. Los viejos pescadores habían desaparecido del muelle para refugiarse en sus casas y eran pocas las sombras desprevenidas que podían verse aun en las calles. Desde mi ventana podía ver el tanque de agua del pueblo. Databa de 1950 y algo. Herrumbroso se erguía en medio de rudimentarias casas de madera. En algún momento fue sinónimo de la victoria del hombre y la colonización de regiones desconocidas, hoy atestigua lo que quedó de la llama del progreso que se extinguió junto con el estado de bienestar.

Joao Dostierra debía su nombre a un ignoto marinero portugués que por esas gracias del destino fue muerto y 500 años después una colonia de pescadores tomaba su nombre. Nadie en el pueblo sabia quien era este fulano. El destino había conjurado la memoria del navegante a la pluma de un burócrata de la capital. Por lo menos no era el nombre de alguna amante o un santo patrono.
De construcción rudimentaria, con todas las casa de madera y un dudoso estilo colonial tardío -que lo hacia parecer mas antiguo de lo que en realidad era- el pueblo era el ultimo refugio de los pescadores que resistían la pesca moderna. Nunca llegué a comprender porque había sido emplazado en ese lugar, solo eran casas de madera amontonadas entre selva y mar.

Empleado de correo, hacia un trabajo administrativo en la pequeña choza que cumplía las veces de oficina postal. Era un trabajo sin horarios, mal pago, destinado a la chatez de la mente. Sin embargo, podía dedicar mi tiempo libre a largas caminatas por la playa. No protesté mucho cuando me designaron. Era una buena forma de conseguir una salida digna de todo lo que hasta ese momento me perseguía. Cosas que el pensamiento no puede entender para contar, pero cosas que estaban ahí, en el mundo de una esquina con pocas luces y muchos autos. Esa noche estaba terminando un informe. No tenia que presentarlo a la brevedad, pero sentía que el insomnio se haría presente y preferí cansar el cuerpo para lograr conciliar el sueño. Mientras escribía y el aroma a lluvia y mar inundaba mis pulmones, en un violento colapso, las nubes rompieron.

La lluvia y la soledad de ese lugar me hacían pensar que ese era el fin del mundo. Joao Dostierra se transformó por unos instantes en el final del camino. Todo lo que ahí había pertenecía a los relatos fantásticos que leí de chico. Paisajes lunares de Julio Verne llevados aun pueblo pesquero. Almas errantes que no sabían de su situación, calcos de los relatos de Ambrose Bierce, en la tropicalia mientras la lluvia borraba la evidencia de nuestro efímero andar.

Decidí ir hasta la ventana y contemplar la lluvia. El viento soplaba y su leve susurro inclinaba las gotas y algunos arboles de frágil contextura. Mao, el gato que me recibió el día que llegue al pueblo, raspaba el marco de la puerta pidiéndome refugiarse. Todo un signo de vida. Luego de dejar entrar al animal y darle un poco de leche, volví a mi posición en la ventana. Contemplé el tanque mientras Mao rasgaba suavemente mi pierna derecha. Seguía ahí, firme en su agonía, igual que cuando se construyó, estático frente al clima y al avance del oxido que lo corroía, estóico. Sin embargo algo llamo mi atención. Un rayo iluminó un brote de enredadera que lo cruzaba en diagonal, aferrándose a los remaches que unían su parte inferior con las columnas que lo sostenían. Pensé que esa imagen representaba una especia de esperanza, una victoria de alguien o algo. Pensé también otra cosa que no recuerdo ahora. Un perro me distrajo impidiendo que diera forma final a la cuestión. Apareció corriendo por la calle como si viniera del mar. Se detuvo justo en mi campo visual y levantó la cabeza para mirar aquella figura que lo observaba desde la choza del correo. Después ladró dos veces , movió su cola y siguió en dirección al centro del pueblo. Quizás no sea el fin del mundo. Por lo menos no en Joao Dostierra. Y menos esta noche.

jueves, 3 de noviembre de 2011

Para los Arboles** - MPD 4



El paisaje del amanecer se imponía frente a ellos. Hombres grises, de mirada profunda contemplaban el sol como si este fuera a encender toda la vegetación. Uno de ellos dio vuelta sobre sus pasos cansado por el esfuerzo de contemplar directamente la luz.

Dos turistas, ajenos, contenían la desesperación de gritar al ver una secuencia jamas vista por ellos, el amanecer. En el horizonte no se veían edificios. No había nada y podían ver mas allá de la primera barrera de arboles del otro lado de la ruta. La majestuosidad contenía también un efecto negativo: la ausencia de todo lo que usaban como punto de referencia. Describir la noción de Nada es tarea mas ardua. La nada es, en definitiva, la ausencia de algo o de todo.

X permanecía mirando el amanecer. Ser arrepintió en un instante de no haber iniciado el viaje antes. Su acompañante por el contrario, dudaba de su capacidad para alejarse y permanecía anclado con el pensamiento. La falta de puntos de referencia visuales y sonoros es insoportable para muchos. Y ese era su caso.

La pared que separaba los sueños de la realidad en el mundo de X había cedido. Estaba libre y frente a una luz que lo llenaba de energía. Su contraparte sentía miedo. La incertidumbre hacia lo que estaba alrededor iba creciendo al no haber muros protectores. Era la mas absoluta exposición.

X notó la situación de su acompañante. Se vio reflejado en los ojos grises, grandes charcos de un liquido apagado. Pudo recordar su propio miedo. En su caso el amanecer activó la maquinaria interna, puso en marcha los engranajes que estaban cubiertos de oxido y bolsas de supermercado. La movilidad interna de su ser lo llevó a diferenciarse de su acompañante y un vacío se abrió entre ellos, mas simbólico que real, ya que estaban a pocos metros de distancia.

Así, los arboles que miraban suspendidos entre la tierra y las nubes pudieron comprobar lo que los mas antiguos decían, que no hay hombre que sea indiferente al amanecer. Rozaron sus ramas y , en un abrazo se fundieron acariciando las nubes, enterrando las raíces en la tierra y se dispusieron al sueño lento en medio de la pampa.

domingo, 2 de octubre de 2011

Tras el horizonte fugitivo - MPD 3

Escribía de espaldas a la biblioteca. Los libros eran testigos de la pesadumbre que lo atormentaba por esos momentos. Era una situación extraña mezcla de las ganas de exteriorizar las sensaciones, una necesidad de hacerlo, con la imposibilidad de encontrar el lenguaje adecuado, para caer en la frustración.

A medida que escribía, los pensamientos se creaban y desaparecían mas rápido de lo que podía digitar y se perdían en algún punto extraño del inconsciente. Algunos le retornarían en forma de sueños los días venideros; otros ocultaban secretos en su propia y fugaz fertilidad.

El tema principal era el desamor, la dificultad que atravesaba después de mas de 35 años de frustraciones continuas que lo habían dejado con un hijo y varias ex que aun daban vueltas por los recovecos reales y también se transfiguraban como fantasmas en sus deseos.

Su aspecto, tal como su escribir, fue empeorando con los años. Algunos cigarrillos y un poco de vino eran el caldo de cultivo para historias y personajes sumidos en el monótono desastre de la realidad cotidiana . Caracteres generalmente tristes en búsqueda de relaciones amorosas que fracasan como en una dialéctica espiral desde sus fracasos originales. En sus historias no había redención.

Generalmente las situaciones eran las mismas, algún anhelo que reemplazaba en el horizonte lo que se había perdido, para después detenerse y quedarse inmóvil al contemplar ese oasis cada vez mas distante. Los nudos eran consecuencia de la búsqueda de placebos al no encontrar el remedio. Los desenlaces, macabros chistes del destino, unificaban en una escena la totalidad de los personajes en una situación extraña donde todos descubrían el esfuerzo impotente de cambiar lo hecho.

A pesar de la monotonía supo tener cierto éxito que le permitía vivir un presente sin sobresaltos. Una vida tranquila en la que se dedicaba parcialmente a escribir.

...Estas fechas recuerdan la caída de torres, noches de bastones que golpean a estudiantes, nacimientos de próceres. Sin embargo, a pesar de los intentos por olvidar, recuerdan también lo que nació de ti y de mi.
Decías que sin palabras, el día es mas triste; que la noche se vuelve absurda sin esa canción que nos unía en forma de verso.
Hoy puedo decir que estoy de acuerdo con eso. El desierto que apareció cuando se fueron tus palabras es difícil de llenar. La falta de tus acordes hizo que el silencio rompiera los cristales que encerraban todo aquello...

Pasaba por un momento en que quería ser Joyce, Faulkner o Turgeniev pero que no podía escribir mas de 5 lineas sin caer preso de sus propias contradicciones, dos fuerzas de igual magnitud que chocaban y desarrollaban la disputa por su personalidad.


 Escribía sobre las bondades del amor presente o sobre las calamidades del sentimiento pasado. Escribía para alejar fantasmas y atraer musas, había olvidado que lo hacia por el placer de escribir.

domingo, 11 de septiembre de 2011

Las formas elementales - MPD 2

- Yo entiendo lo que te pasa. Estas preso de la idea, de la necesidad por esa cosa que no podes tener. Pero acordate, a ver, tené un poco de memoria. ¿Te acordás cuando venias a buscarnos, desesperado ante la nueva situación de despojo, para vos incomprensible?. Ahí si nos necesitaste, te ayudamos a ver alternativas a tu estado, ¿te acordás?. Es triste que ahora nos pagues así, tirando todo por el balcón. A ver, hace memoria.-

-Si, bueno, tenes razón. Pasa que...

-No te confundas, somos todo menos razón. Acudiste a nosotros porque el sentimiento no te alcanzaba para digerirlo todo. Es mas, de ser por esa estupidez, serias otra cosa hoy. Y no me vengas con esa cosa de que es necesario pasar por todo lo que pasaste. Te quiso convencer de eso, de esa forma pasiva de subordinarse. En definitiva, de la mas absurda resignación y autocompasión. Rememorá, dale. Todos esos proyectos y cosas que desfilaban por tu cabeza. Si no fuera por nosotros, que te mostramos el camino del pragmatismo, ¿donde estarías ahora?. Seguramente flotando en las lagunas de la añoranza, perdido en un ensueño compartido.
Es injusto que te refieras a nosotros como negativos. No somos malos. Te mostramos lo que no querés ver, lo que negás. Puede ser que algunas veces, quizás, seamos algo negativos, pero lo hacemos por tu bien. Por nuestro propio bien, el equilibrio dentro tuyo.
Entenderás que te conocemos mejor de lo que crees. Pero no podemos obligarte. Nosotros planteamos el camino. Está en vos volver a ser, pero acordate el precio. Si, hubo momentos buenos pero... consecuencias. Acordate, dale. No te hagas el que no sabes. Dabas lastima antes de reconocernos como parte constitutiva. Eras un ente que asentía y estaba predestinado a la súplica. Nosotros te sacamos de ahí. Encontramos eso que llamas el fuego sagrado y pusimos bajo encierro temporal al hacedor de tanto desastre para nosotros.
Pero te confiaste, y nos dijiste que lo liberemos. Ahora mirate. Volviendo a degustar, pensando que esta vez las consecuencias serán otras. Ingenuo. Te podemos asegurar que si no seguís nuestro camino, vas a terminar como hace un tiempo. Y no estaremos tan dispuestos a solucionarte la existencia como la vez anterior. Verás, nosotros también nos desgastamos, perdemos la voluntad de actuar, tal como te pasa a vos. Pero nosotros no somos como aquel, que siempre vuelve dispuesto al sonreír temporal. Nosotros somos rencorosos, la memoria práctica. Y no olvidamos ni perdonamos bajo ningún punto de vista. No como vos, ni como ese. Débiles. Si les gusta chocarse contra la misma pared, adelante, háganlo. Pero sin yo, sin nosotros. Acordate que viviré más allá de la muerte y cantaré a tus oídos en todo momento, previniendo tu recaída, incluso cuando la vasta marejada me devuelva a la inmensa profundidad del mar de la conciencia y me convierta en algo que luches por entender.
La muerte no cambia nada, no lo pienses, sino las máscaras que cubren nuestros rostros. Siempre estaremos para cuidarnos de que cometas la misma estupidez. Te dejaremos tener momentos de lucidez que quizás consideres placenteros, pero resurgiremos para mostrarte con mayor frecuencia cada vez, lo equivocado que estas.